.

El placer de la creación: el Tuning de un Chevrolet Chevy

El ser humano tiene en su instinto de supervivencia la innovación. Crear sobre lo ya creado. Por esa razón, hace unos años comenzó a inundar las calles una nueva forma de entender el diseño externo de los vehículos: el tuning. Con esta innovación sobre lo ya construido, sus creadores perseguían hacer el coche de sus sueños poniendo aquí y quitando allá. Aunque en la mayoría de las ocasiones, se trata más de poner que de quitar.

Así comenzamos a ver por las calles alerones de tamaños exagerados o carrocerías pintadas de mil colores o, incluso pegatinas que identificaban al conductor o a alguno de sus seres queridos. Tampoco faltaba el diseño en el interior del vehículo donde comenzaron a poner cuadros de mandos con diseños personalizados o los asientos con dibujos a gusto del propietario.

Esta tendencia del diseño ha generado incluso concursos como El Barcelona Tuning Show donde se dan cita los amantes de esta, llamémosla, reinvención del diseño automovilístico para mostrar su creación. Pero, además del trabajo y las horas que les lleva a sus creadores conseguir el producto que ellos desean, está también la cuestión económica. En total, tunear un coche suele salir por el doble de dinero que nos hemos gastado en el coche.

Parece que la sencillez y el clasicismo en el diseño externo de los vehículos que impusieron hace unas décadas las marcas Mercedes y BMW se va perdiendo entre la maraña de modernidades que trae consigo esta forma de diseño. Ese afán de reinventar los coches ya fabricados, de crear sobre lo ya creado. ¿Afán de protagonismo?, ¿diseño artístico? La verdad es que hay un poco de todo en el tuning.

Imagen: Ajimix, en Flickr.com